Han pasado más de diez años desde la última vez que tuvimos ocasión de adentrarnos en el caótico mundo de Santuario, pero desde entonces, no han sido pocas las veces que hemos reinstalado Diablo II
y su expansión para echar unas partidas junto a los amigos. Por el
camino han aparecido otros juegos de corte similar con los que también
hemos disfrutado mucho... pero al final, siempre hemos vuelto al clásico
de Blizzard. Desde el pasado 7 de mayo, por fin le hemos encontrado un sustituto.
Porque Diablo III es apasionante e increíblemente adictivo. Una oda al entretenimiento en estado puro que es capaz de mantenerte horas y horas delante de tu pantalla sin que te des cuenta de ello. Y es que una vez caes en sus garras, es muy difícil que puedas escapar de ellas.
Porque Diablo III es apasionante e increíblemente adictivo. Una oda al entretenimiento en estado puro que es capaz de mantenerte horas y horas delante de tu pantalla sin que te des cuenta de ello. Y es que una vez caes en sus garras, es muy difícil que puedas escapar de ellas.
Cargada de giros inesperados, villanos espectaculares y un trasfondo argumental sorprendentemente detallado, la historia
de Diablo III se ha convertido en uno de los mayores logros de
Blizzard. Aquí el estudio no sólo ha conseguido dar forma a una aventura
capaz de sorprender y emocionar a cualquier apasionado al universo
Diablo, sino también, maravillar a todos aquellos que se inician ahora
con la serie.
En este sentido, como ocurrió con StarCraft II, se nota la madurez narrativa que ha alcanzado el estudio, que al margen de las contundentes cinemáticas a las que nos tienen acostumbrados, se han aprovechado de otros recursos narrativos para presentar la historia de una forma más consistente y atractiva. Hablamos, por ejemplo, de la importancia que han adquirido los diálogos entre nuestros héroes y los habitantes de Santuario -conversaciones que ahora tienen una historia de fondo-, o también de las sencillas secuencias de vídeo generadas con el propio motor gráfico del juego. Sin embargo también hemos notado estos cambios en el diseño de las misiones, que ahora son más variadas y emocionantes que nunca.
Por supuesto, la base de Diablo III sigue siendo la de exterminar a cientos de enemigos de la forma más espectacular posible, pero eso no ha impedido a Blizzard desarrollar aventuras cada vez más divertidas y complejas en las que tan pronto podemos vernos dialogando con diversos personajes, como enfrentándonos a poderosos enemigos finales en las situaciones más desfavorables. Mención especial para los novedosos eventos aleatorios, que nos plantearán sobrevivir a llamativos retos como escoltar a ciudadanos durante una lluvia de fuego, o defender una posición ante decenas de enemigos durante un tiempo determinado.
En este sentido, como ocurrió con StarCraft II, se nota la madurez narrativa que ha alcanzado el estudio, que al margen de las contundentes cinemáticas a las que nos tienen acostumbrados, se han aprovechado de otros recursos narrativos para presentar la historia de una forma más consistente y atractiva. Hablamos, por ejemplo, de la importancia que han adquirido los diálogos entre nuestros héroes y los habitantes de Santuario -conversaciones que ahora tienen una historia de fondo-, o también de las sencillas secuencias de vídeo generadas con el propio motor gráfico del juego. Sin embargo también hemos notado estos cambios en el diseño de las misiones, que ahora son más variadas y emocionantes que nunca.
Por supuesto, la base de Diablo III sigue siendo la de exterminar a cientos de enemigos de la forma más espectacular posible, pero eso no ha impedido a Blizzard desarrollar aventuras cada vez más divertidas y complejas en las que tan pronto podemos vernos dialogando con diversos personajes, como enfrentándonos a poderosos enemigos finales en las situaciones más desfavorables. Mención especial para los novedosos eventos aleatorios, que nos plantearán sobrevivir a llamativos retos como escoltar a ciudadanos durante una lluvia de fuego, o defender una posición ante decenas de enemigos durante un tiempo determinado.
En
el fondo, como decimos, este tipo de misiones no modifican
prácticamente nada la jugabilidad clásica de la serie, pero consiguen
con creces que avanzar a través de los cuatro Actos que componen
la aventura sea un reto más atractivo. Eso sí, nos habría gustado que
Blizzard hubiera arriesgado más en este apartado, ya que han pecado de
conservadores planteando una aventura que se asemeja en exceso a lo
visto en Diablo II. Por supuesto, todo es más espectacular, divertido y
emocionante gracias al argumento, pero en el fondo no deja de ser un
“más de lo mismo” con otra historia y escenarios. Algo que no tiene
porqué ser negativo, aunque sí conviene tenerlo en cuenta.
TRALER OFICIAL



